Enero 15, 2007
Vuelo
A veces bajo a los abismos profundos del oscuro, frío y denso mar. El miedo me invade y pienso que voy a morir.
Otras, asciendo hacia las nubes etéreas y suaves como espumas celestes que flotan sin rumbos llevadas por el viento. Así me siento feliz, parece que la vida tiene un destino y el mío es flotar.
Soy como una pluma nívea y pequeña de una pájaro marino. Voy y vengo según los avatares del clima. Mi rumbo no ha sido fijado por ningún marino. Solo puedo impulsarme hacia lo alto o hundirme en la profundidad del abismo azul, siempre empujada por el viento que me acompaña.
A veces quiero permanecer quieta, como dormida sobre la cálida arena de una mañana de verano, parece que lo voy a lograr, pero de pronto sopla un viento frío, brusco y húmedo que me saca de mi somnolencia matutina para llevarme otra vez mar adentro. A veces lucho y me resisto, otras me dejo arrastrar resignada, porque el viento siempre gana, porque es el amo de mi vida, el que me eleva o me deja caer.