enero 15, 2007

Sutilmente

Publicado en Uncategorized tagged a 3:18 pm por oliviaid

Una tarde lo vi por primera vez.

No puedo decir que me impresionó, pero tenía algo que no pude dejar de advertir.

Era delgado, no muy alto, moreno, de mirada inquisitiva y rostro grave pero a la vez vagamente infantil.

Sus  facciones regulares, nariz recta y tal vez algo pequeña  para un hombre, se enmarcaban con un cabello oscuro sedoso  que luchaba por caerse sobre la frente, restándole  severidad a su aspecto. Los ojos, concentrados  e inquisidores mantenían permanentemente una mirada penetrante y directa acentuada por  el entrecejo fruncido. Sus labios carnosos y sensuales, no permitían el fluir de un gesto que revelara liviandad.

Su actitud  era seria y pausada. Hablaba pronunciando correctamente y utilizando el  lenguaje adecuado. Percibí que debido a su aspecto físico, luchaba por imponerse a través de una buscada seriedad. Sin embargo, toda aquella seriedad se derrumbaba al sonreir.  El lo evitaba, como si a través de la risa perdiera el valor y el poder por el que parecía estar permanentemente luchando.

Me informó de qué se trataba el trabajo con la máxima seriedad. Yo lo observé en silencio, tratando de parecer interesada y concentrada en sus palabras, sin embargo no pude dejar de observar su cabello detrás de la oreja, al parecer arreglado de manera de formar una pequeña melena de largo mediano de acuerdo a los usos de la época. Me pareció un gesto de coquetería divertido y en discordancia con su seriedad.

Sus ojos seguían estando severos y agudos. Me explicó el procedimiento a seguir y luego me indicó que debería proveerme de alguna documentación que me sirviera de apoyo en mi misión.

Ahora observé sus manos. Eran como la de un niño pequeño, a pesar de su tamaño de adulto, conservaban ese aspecto infantil de dedos algo redondos y lisos .Su uñas cortas y bien cuidadas contribuían a hacerlas parecer mas aniñadas.

  Me inspiró confianza y un dejo de ternura.

El continuó su labor  redactando y escribiendo al mismo tiempo el documento prometido. Yo en silencio, observaba sus diestros movimiento con la máquina de escribir, pensando en que aquel hombre joven me parecía cada vez mas interesante y atractivo.

Se levantó de su sillón detrás del escritorio, me extendió el sobre con la documentación y luego caminó hacia la puerta entreabierta  en ademán de despedirme una vez cumplido el procedimiento.

Sus ojos por primera vez se fijaron profundamente en los míos, me sonrió levemente mientras estrechaba mi mano en un saludo.

No sé  si el habrá notado la turbación que ese contacto hizo en mi. Al salir, supe que ese hombre había entrado en mi vida de la manera mas sutil e impensable que puede existir.

 

 

 

 

 

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