abril 11, 2008
PATETICO
Profunda melancolía, tristeza , abismo de dolor, angustia de no poder arrancarme esta garra que me doblega el alma.
Noches de desvelo aciago, llanto entrecortado, frío en los huesos y en la piel. ¿ cómo disfrazo el deterioro de mi esencia? No es posible sobrellevar esta carga de pesadumbre que arrastro conmigo a perpetuidad.
Nada de lo que haga sirve, nada de lo que diga aquieta la turbación de mi espíritu roto. No deseo tu voz, no deseo tus manos. Deseo tu alma, solo para mi, junto a mi, como fue fugaz hace un millar de años. Ánima ingrata a la que di todo.
Nada cambiará lo inconmutable, lo inerte, la vida misma. No soy yo, es la senda que recorrimos, son las contiendas que libramos, son las alegrías y dolores. Son los miedos y temores.
Ya nunca nada será igual, eso lo sé pero ¡cómo duele! Solo espero el final, sin ilusión, vacío mi amor.
julio 10, 2007
Despedida
Ayer supe que te has ido para siempre de este mundo.La noticia me impactó por lo inesperada y repentina.Casi no te conocí, apenas hubo algunos encuentros hace muchos años, en nuestra juventud.Tu querías entrar en mi vida y no te lo permití.Según me contaron, tu partida fue trágica y seguramente dolorosa.No supe mas , pero por alguna razón extraña me sentí culpable.Acudieron a mi memoria algunos recuerdos de aquella felíz época de estudiantes.Tú, alegre, risueño, siempre rodeado de amigos y amigas.De largas conversaciones y entusiasta del arte, el teatro,en fin, de la vida.
En nuestro último encuentro, se perdieron tus ilusiones respecto a mí y te lo dije tal vez en forma fría.Te ofrecí mi amistad, pero la rechazaste.Fue la ultima vez que hablamos, no me lo perdonaste.
Ahora despues de tantos años, pienso que nunca te olvidé, a pesar de que no hubo nada entre nosotros, el recuerdo de tus bromas, las serenatas bajo el balcón, Ionesco, el acento argentino, todo aquello aún resuena en mi como una de las etapas felices de mi juventud.
No te volví a ver hasta despues de varios años.Fue curioso, encontré tu mirada frente a mi en un escaparate un día cualquiera.Fue una mirada triste,perturbadora, resentida aún.Habían pasado ya varios años, no estabas solo.Cada uno con su vida de adultos y sus experiencias alegres y tristes a cuestas. Despues de tantos años , al saber de tu partida me pregunto¿habrás sido felíz?
enero 23, 2007
La fuente
Desperté sobresaltada sintiendo un suave perfume a flores, mezclas de lavanda, jazmín y notas de madreselva. Me pareció escuchar el tintinear de gotas de agua cayendo cerca mio. Una ligera brisa húmeda, pero tibia, invadía el lugar. Percibí que la tarde caía y en el cielo comenzaban a verse unas minúsculas lucecitas brillantes que parpadeaban temblorosas. Traté de incorporarme pero me fue imposible moverme. Miré a mi alrededor esperando encontrar la mesilla de noche y la lamparita antigua para encender una luz. No pude ver nada, la penumbra que me envolvía no me permitía imaginarme lo que de verdad ocurría a mi alrededor. A pesar de todo, no tuve miedo, es más, me pareció agradable aquella sensación de abandono, me sentí en paz.
El cielo comenzó a oscurecerse cada vez más y oí a lo lejos el chirrear de algún grillo entre las hojas. Levanté la cabeza hacia adelante con alguna dificultad ya que mi cabello parecía enredado en las ramillas del suelo.
No sabía donde estaba, no era por cierto mi habitación donde hace algunas horas había acudido a recostarme después de trabajar en mi taller. Recordé fugazmente haber echado una manta sobre mis piernas, pero ahora no había tela sobre ellas. Mi cuerpo estaba cubierto de hojas húmedas.
Me encontraba en algún lugar de mi jardín detrás de la fuente que había hecho construir el verano pasado. Ese rincón siempre me pareció fascinante. La idea había sido hacer un refugio de agua y flores para pajaritos. Después fue adquiriendo vida propia, cada día descubría una flor diferente, una cascada distinta y un recodo de piedras que no había advertido el día anterior. Tenía helechos frondosos que crecían retorcidos entre las piedras gruesas que formaban la pared del cuenco. El manto de novia cubría casi todo el suelo con su aspecto mullido de verde felpa dejando entrever algunas minúsculas florecitas azules y blancas. Y estaba ese pequeño altar formado por las piedras y las enredaderas húmedas que parecían reptar para luego caer desde lo alto.
¿Cómo llegué allí? Mi mente no lograba coordinar los pensamientos para poder entender lo que estaba ocurriendo. El día anterior me había sentido muy cansada. Había trabajado hasta tarde intentado terminar aquellas esculturas para entregar al museo botánico, pero el sueño finalmente me había vencido.
Ahora la oscuridad era casi total, solo el brillo lejano de la luna levantándose sobre el horizonte. Su reflejo en las piedras de la fuente, las hojas y flores recortadas bajo el manto de la noche, daban al lugar un aspecto mágico.
Atraída por un ruido, desvié mi vista hacia al lado izquierdo de mi cuerpo al tiempo que descubrí unas minúsculas figuras que se movían sigilosas rodeándome la oscuridad. Creí percibir en ellas cuchicheos y risas, pero no pude ver nada claramente. Por un momento me sentí deslizar hacia la fuente en un movimiento que no era mío. El aroma de las flores se había hecho mas intenso y nublaba mis sentidos, tenía sueño y a pesar de encontrarme en ese lugar inimaginable, me dejé adormecer y deslizar.
La mañana amaneció brillante y fresca. Los pajarillos acudían como cada día a refrescarse a la fuente del jardín. Aquel día tuvieron otro lugar donde jugar y perseguirse en sus devaneos románticos de primavera. La fuente estaba más bella que nunca con sus pequeñas figuras de personajes mitológicos y de fantasía. Algunos alados, otros con antenas brillantes en la cabeza y una figura femenina recostada a un lado de la fuente con el cabello ensortijado y cubierto de flores, que parecía dormir plácidamente rodeada de los pequeños personajes que jugaban a su alrededor.
enero 15, 2007
Sutilmente
Una tarde lo vi por primera vez.
No puedo decir que me impresionó, pero tenía algo que no pude dejar de advertir.
Era delgado, no muy alto, moreno, de mirada inquisitiva y rostro grave pero a la vez vagamente infantil.
Sus facciones regulares, nariz recta y tal vez algo pequeña para un hombre, se enmarcaban con un cabello oscuro sedoso que luchaba por caerse sobre la frente, restándole severidad a su aspecto. Los ojos, concentrados e inquisidores mantenían permanentemente una mirada penetrante y directa acentuada por el entrecejo fruncido. Sus labios carnosos y sensuales, no permitían el fluir de un gesto que revelara liviandad.
Su actitud era seria y pausada. Hablaba pronunciando correctamente y utilizando el lenguaje adecuado. Percibí que debido a su aspecto físico, luchaba por imponerse a través de una buscada seriedad. Sin embargo, toda aquella seriedad se derrumbaba al sonreir. El lo evitaba, como si a través de la risa perdiera el valor y el poder por el que parecía estar permanentemente luchando.
Me informó de qué se trataba el trabajo con la máxima seriedad. Yo lo observé en silencio, tratando de parecer interesada y concentrada en sus palabras, sin embargo no pude dejar de observar su cabello detrás de la oreja, al parecer arreglado de manera de formar una pequeña melena de largo mediano de acuerdo a los usos de la época. Me pareció un gesto de coquetería divertido y en discordancia con su seriedad.
Sus ojos seguían estando severos y agudos. Me explicó el procedimiento a seguir y luego me indicó que debería proveerme de alguna documentación que me sirviera de apoyo en mi misión.
Ahora observé sus manos. Eran como la de un niño pequeño, a pesar de su tamaño de adulto, conservaban ese aspecto infantil de dedos algo redondos y lisos .Su uñas cortas y bien cuidadas contribuían a hacerlas parecer mas aniñadas.
Me inspiró confianza y un dejo de ternura.
El continuó su labor redactando y escribiendo al mismo tiempo el documento prometido. Yo en silencio, observaba sus diestros movimiento con la máquina de escribir, pensando en que aquel hombre joven me parecía cada vez mas interesante y atractivo.
Se levantó de su sillón detrás del escritorio, me extendió el sobre con la documentación y luego caminó hacia la puerta entreabierta en ademán de despedirme una vez cumplido el procedimiento.
Sus ojos por primera vez se fijaron profundamente en los míos, me sonrió levemente mientras estrechaba mi mano en un saludo.
No sé si el habrá notado la turbación que ese contacto hizo en mi. Al salir, supe que ese hombre había entrado en mi vida de la manera mas sutil e impensable que puede existir.
Vuelo
A veces bajo a los abismos profundos del oscuro, frío y denso mar. El miedo me invade y pienso que voy a morir.
Otras, asciendo hacia las nubes etéreas y suaves como espumas celestes que flotan sin rumbos llevadas por el viento. Así me siento feliz, parece que la vida tiene un destino y el mío es flotar.
Soy como una pluma nívea y pequeña de una pájaro marino. Voy y vengo según los avatares del clima. Mi rumbo no ha sido fijado por ningún marino. Solo puedo impulsarme hacia lo alto o hundirme en la profundidad del abismo azul, siempre empujada por el viento que me acompaña.
A veces quiero permanecer quieta, como dormida sobre la cálida arena de una mañana de verano, parece que lo voy a lograr, pero de pronto sopla un viento frío, brusco y húmedo que me saca de mi somnolencia matutina para llevarme otra vez mar adentro. A veces lucho y me resisto, otras me dejo arrastrar resignada, porque el viento siempre gana, porque es el amo de mi vida, el que me eleva o me deja caer.
octubre 2, 2006
Ella era yo
Ella era yo en mis sueños y en los tuyos.
Sus formas redondeadas y voluptuosas eran las mías, pero diferentes. Su actitud de docilidad y entrega me incitaban a imitarla, quería ser ella,pero de otra forma, no con la ausencia de la fuerza para envolverte y abarcarte, no con la inocencia de alguien que no sabe lo que le espera, no con la entrega de la que espera sin saber lo que viene.
Yo soy ella, pero otra muy distinta, mi fuerza radica en mi aparente debilidad. No espero lo que no creo que venga, ni sufro por lo que nunca tuve. Mi fuerza está en poder transformarme en ella, que sientas que lo soy, que el espíritu de Danae nos invada.
septiembre 1, 2006
El esfuerzo
Hago nuevamente un esfuerzo. Las energías me abandonan y el espíritu desfallece irremediablemente.
Tal vez el tenaz deseo de sobrevivir me mantiene algo lúcida, aunque a veces me pierdo en el desvarío que producen las sombras grises y opacas que me rodean. La negra noche me envuelve más y más con su manto de temores y dudas. A veces avizoro una luz lejana;pero es irreal, es un reflejo de luna distante que se desvanece al entrar por mi ventana.
Mis piernas y brazos están inermes. Han perdido la gracilidad que les otorga el movimiento. Largos, delgados y aguzados, yacen a cada lado de mi cuerpo;flaco, menguado,esperando un soplo de vida que les inyecte energía y movimiento.
Mi gesto, semi oculto por un velo de cabellos grises y opacos, antes castaños, sedosos y ensortijados, ha perdido la expresión y solo es una mueca permanente de amargura y miedo en una piel cetrina. Los ojos, reflejos de las profundidades del alma aparecen vacuos y sin vida; no hay una luz que los anime, perdidos en los desvaríos de mi espíritu desfalleciente.
El color de la desesperanza final inunda el estrecho cuarto, al parecer llega el momento crucial. El tanato pugna por filtrarse a través de los huecos de las frágiles maderas.
No quiero ceder, deseo sobrevivir a pesar de todo, no obstante la decadencia total, la desesperanza y la amargura de lo perdido. Es preciso un esfuerzo, debo ganar esta lucha sin contendor, es solo mi orgullo contra la verdad de la vida.
Pero ¿cómo se inicia nuevamente el camino? ¿Cómo se cierran las heridas y cómo se cura la enfermedad del espíritu?
No basta un esfuerzo.
agosto 10, 2006
Pérdida
Ya no recuerdo como era aquello. Una sensación de placidez me invadía toda. Nada parecía estar fuera de lugar, el tiempo discurría fluyendo como una cascada luminosa de sucesos leves, claros y adecuados, sin dejar un rastro a su paso.
Mi alma suspendida como en una bruma eterna, flotaba mecida apenas por el frágil paso del día a la noche. Nunca parecía bajar, siempre estaba allí, en un mundo propio al que no se le permitía que nada ni nadie lo enturbiara. A veces mi espíritu ajeno al dolor creía percibir una inquietud, pero pronto se desvanecía dejando paso a esa fluidez de seda de la quietud total. Así pasaron meses y años, hijos y padres, amigos y amigas. Y ese hálito que me mantenía, permanecía conmigo.
No supe en que momento comenzó a entrar aquella nube grisácea. Primero fue un asomo en un día cualquiera, luego fue deslizándose furtivamente, como una grieta fina en un cuadro, como una pequeña mancha de aceite gris que comienza a penetrar lentamente en el tejido que lo sustenta y que lo va invadiendo casi imperceptiblemente.
La mancha comenzó a penetrar ya sin pudores la leve trama de mi espíritu quieto y calmo, ajeno a avatares, desdichas y temores. Me inundó por completo una noche, la presentía, la sentía ya cercana en un momento de debilidad, pero a la vez de lucidez. Esa noche supe que nada sería igual.
La etérea atmósfera de mi vida se esfumó encendida por aquel fuego negro que cayó sobre mí ahogándome. ¿Cómo fue que permití que llegara? ¿Fue la autocomplacencia de un espíritu inocente, pero culpable de una dicha irreal? ¿Fue la fantasía de mis sentidos que no lo supieron advertir a tiempo? Tal vez fue la vida misma que se impone a nuestras quimeras más profundas e ingenuas.
Lo cierto es que la oscuridad ha invadido mi vida. Mis días y mis noches ya no tienen el tintineo de un espíritu cantarino. El desgarro diario de mi alma, al que el dolor ha hecho su presa, me mata cada día y me mantiene viva, alerta a no ser consumida hasta las profundidades infinitas por la angustia de no poder volver a la luz, quieta y cristalina, que en un momento fue eterna y ahora ya no existe.
Es la muerte de un espíritu libre que ahora vaga presa de la incertidumbre y la angustia. Así vivo mis días esperando que algo ocurra..
agosto 9, 2006
La mirada
La mirada fue lo que me atrajo más. Aquellas pupilas inquisidoras y a la vez dóciles parecían abarcarlo todo con un sólo movimiento de los ojos. Las pestañas , hacían su trabajo.
Aquellos ojos eran excepcionales, no tanto por el color o la forma, sino por cómo manipulaban cuando entraban en acción. Nunca podía sustraerme al influjo que ellos ejercían sobre mí. Eran un imán o a veces una guillotina. Eran de miel y limón y otras veces brillaban destellando un gris acero profundo que me sumergía en el miedo mas intenso.